Se veía venir
Por HHR
CDMX, 19 julio 2026.- La salida de Héctor Díaz Polanco de la presidencia de Morena en la Ciudad de México cierra un ciclo que, más allá de los discursos de despedida, deja una pregunta incómoda: ¿qué tanto construyó políticamente y qué tanto administró una posición que le fue entregada desde las más altas esferas del obradorismo?
Díaz Polanco anunció su separación del cargo con un mensaje cargado de agradecimientos, referencias a la Cuarta Transformación y elogios para Clara Brugada y la presidenta Claudia Sheinbaum.
Habló de libros, de tareas académicas y de que no se mueve “ni un milímetro” de sus convicciones. Lo que no dijo fue cuál fue el legado político concreto de su gestión al frente del partido en la capital.
Su llegada nunca estuvo exenta de polémica.
En Morena muchos nunca olvidaron que su nombramiento fue visto como una imposición impulsada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, dejando de lado a cuadros capitalinos que durante años construyeron la estructura territorial del movimiento.
Más que un dirigente surgido del consenso local, fue percibido como una decisión tomada desde Palacio Nacional.
Durante su presidencia, Morena no consiguió gran cosa. Polanco se va justo antes de la definición de las candidaturas al interior de partido guinda. No tiene caso, porque además ni peso tiene.
Además el partido en la Ciudad de México sigue arrastrando conflictos internos, disputas entre grupos, acusaciones por candidaturas y una permanente lucha por el control político rumbo a 2027.
Su despedida, cuidadosamente medida, evita cualquier señal de ruptura. No hay reclamos, no hay autocrítica y tampoco balances.
Sólo agradecimientos y la promesa de seguir sirviendo desde otros espacios del movimiento. Es la salida clásica de quien entiende que, en Morena, las puertas nunca deben cerrarse del todo.
Ahora comienza la verdadera disputa. La dirigencia capitalina será una pieza estratégica para definir candidaturas, controlar la estructura partidista y administrar los inevitables choques entre los distintos bloques que ya libran una batalla silenciosa por el futuro de la Ciudad de México.
Se mencionan muchos nombres, pero hay uno que encaja por el momento político que se vive. El diputado Paulo García no tiene grandes posibilidades de ser el candidato de Morena en Coyoacán, pero sí podría ser -como en algún momento lo externó a este reportero-, quien manejara los hilos de Morena rumbo al 2027.
Porque la noticia no es únicamente que Héctor Díaz Polanco se va. La noticia es quién llegará, quién lo impulsará y qué grupo terminará controlando el partido más poderoso de la capital.
En política, las despedidas suelen ser menos importantes que las sucesiones. Y en Morena, las sucesiones rara vez son casualidad.








