Por Dana Rodríguez
CDMX, 25 agosto 2025.- Frente a las advertencias del exdirigente morenista Eduardo Cervantes, quien alertó que Morena podría perder alcaldías estratégicas como Álvaro Obregón o Xochimilco en 2027, el líder del partido en la CDMX, Héctor Díaz Polanco, reafirmó que Morena mantiene una “visión política muy articulada” entre su estructura, el gobierno federal, la dirigencia nacional de Claudia Sheinbaum, y la jefa de Gobierno capitalina, Clara Brugada.
En vez de atender los argumentos sobre debilitamiento territorial, Díaz Polanco optó por subrayar la cohesión interna del partido y su sincronía con el gobierno. El mensaje implícito: todo está bajo control.
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La declaración deja entrever un riesgo importante: la línea entre partido y gobierno parece más difusa que nunca.
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Presentar la coordinación como fortaleza puede ser una falta de autocrítica frente al desempeño local real.
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Este tipo de “unidad estratégica” puede derivar en una maquinaria electoral que utiliza recursos e instituciones para blindar el poder, en lugar de atender a los ciudadanos.
Cuando la respuesta a una crítica interna se reduce a exaltar la alineación política, el mensaje que se envía es claro: se prefiere la lealtad al partido por encima del diagnóstico honesto. Y eso, a largo plazo, no sólo afecta la gobernabilidad, sino la credibilidad democrática.






