Por Dana Rodríguez
Ciudad de México, 07 enero 2025.— Morena decidió defender a una colaboradora que, por desconocimiento o mala preparación, terminó generando un escándalo nacional. En vez de reconocer el error y reforzar sus filtros internos, el partido optó por una defensa que hoy es objeto de burla en redes y análisis críticos en medios.
Según el grupo parlamentario, las declaraciones difundidas fueron hechas a título personal por Adriana Marín, colaboradora del área de Comunicación Social del Grupo Parlamentario oficial, en un programa juvenil. Sin embargo, la aclaración no logró contener la percepción pública: Morena protege a los suyos aun cuando exhiben una alarmante falta de comprensión sobre temas de seguridad y crimen organizado.
La narrativa oficial derivó rápidamente hacia el discurso habitual: ataques mediáticos, persecución a juventudes y culpa histórica al PRIAN. Todo, excepto una autocrítica real sobre por qué una persona ligada a su aparato de comunicación terminó protagonizando una polémica por ignorancia política.
El resultado es claro: Morena no defendió una postura sólida, defendió una torpeza. Y al hacerlo, dejó la sensación de que en su estructura pesa más la lealtad que la capacidad.





