Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, 21 de marzo de 2026.-
En vísperas del Día Mundial del Agua, la Ciudad de México exhibe su peor paradoja: fugas que tiran miles de litros por minuto y familias que sobreviven con cubetas.
No es falta de información, es falta de acción.
El foro organizado en el Congreso capitalino volvió a reunir especialistas, funcionarios y legisladores para repetir un diagnóstico que la ciudadanía conoce de memoria: inundaciones, desabasto, sobreexplotación y una planeación que llega tarde… siempre tarde.
La diputada Elvia Estrada insistió en la necesidad de una visión integral del agua. Pero para millones de capitalinos, la “visión integral” no llena tinacos ni evita que sus calles se conviertan en ríos cada temporada de lluvias.
La crisis es visible y cotidiana:
— Colonias anegadas por lluvias mal canalizadas.
— Fugas sin reparar que duran semanas.
— Pipas convertidas en la única fuente de suministro para miles de hogares.
En Iztapalapa, una de las zonas más golpeadas, se presume avance con mantenimiento de pozos y nuevas estrategias. Pero la narrativa oficial choca con la realidad: la escasez sigue marcando la vida diaria.
Especialistas y autoridades coincidieron en algo alarmante: el verdadero error ha sido reaccionar en lugar de prevenir. Y ese retraso hoy se paga con una ciudad vulnerable, desigual y al borde del colapso hídrico.
Porque el agua en la CDMX ya no es solo un recurso: es un privilegio.
El reclamo final no deja espacio a interpretaciones:
menos foros, menos discursos, menos simulación.
Y más resultados.
Porque mientras el gobierno discute soluciones, la ciudad pierde agua… y paciencia.






