Por Arturo Gutiérrez
- Kanek Zacarías llamó a las nuevas generaciones a asumir un papel activo frente a la inseguridad, la desigualdad y los desafíos del país durante el foro “Del 68 a los desaparecidos de hoy”.
CIUDAD DE MÉXICO, 06 octubre 2026.— A más de medio siglo del movimiento estudiantil de 1968, la memoria del 2 de octubre volvió a las aulas, esta vez en Tláhuac, donde estudiantes, investigadores y dirigentes sociales debatieron sobre desapariciones, inseguridad, derechos humanos y el papel de los jóvenes en la transformación del país.
El auditorio del Instituto Tecnológico de Tláhuac II fue escenario del foro “Del 68 a los desaparecidos de hoy”, un encuentro en el que Kanek Zacarías, dirigente comunitario y promotor de la Cultura de la Paz, planteó que recordar el movimiento estudiantil no debe reducirse a mirar hacia el pasado, sino servir para discutir los problemas que enfrentan actualmente las nuevas generaciones.
Zacarías sostuvo que muchas de las libertades que hoy ejercen los jóvenes tienen detrás décadas de movilización social y consideró indispensable que las nuevas generaciones participen en las decisiones de sus comunidades.
“Los lamentables hechos del 2 de Octubre (No se olvida) quedaron marcados como huella imborrable en la memoria colectiva de México”, expresó.
Y añadió que “las libertades de hoy son fruto de movimientos como el del 68, y que la realidad actual, muy difícil en varios aspectos, merece la participación activa y creativa de ellos, para construir un mejor porvenir con dignidad, justicia, seguridad, desarrollo y paz”.
El dirigente comunitario puso sobre la mesa otro problema: estudiar ya no representa necesariamente una garantía para conseguir un empleo digno o alcanzar mejores condiciones económicas.
“Lamentablemente se ha perdido el objetivo del crecimiento y del acompañamiento para el valor máximo y la mayor riqueza de un pueblo: los niños y los jóvenes”, señaló.
Para Zacarías, mientras los estudiantes de 1968 se enfrentaron a un Estado represor, las generaciones actuales conviven con otros desafíos, entre ellos la inseguridad y la violencia. Ante ese escenario, rechazó que los jóvenes sean vistos únicamente como futura mano de obra y reivindicó su condición de protagonistas del cambio social.
“Cambio de chip” desde las aulas
Hugo Andres Flores, joven dirigente político en la Ciudad de México, centró su participación en la construcción de paz y pidió a los estudiantes hacer un “cambio de chip” que comience en sus propios hogares, continúe en las aulas y alcance sus círculos de amigos.
“La construcción de paz requiere de la participación de los jóvenes y de espacios en los que puedan expresar sus preocupaciones, formular propuestas e involucrarse directamente en los asuntos de sus comunidades”, afirmó.
El investigador en Ciencias Sociales Edgar Emilio Pereyra Ramírez, por su parte, planteó que el movimiento estudiantil de 1968 no puede analizarse de manera aislada.
Recordó que estuvo precedido por otros movimientos sociales, como las luchas ferrocarrileras y de los médicos, dentro de un sistema político caracterizado entonces por la hegemonía del PRI.
Pereyra también llamó a los estudiantes a analizar críticamente las expresiones utilizadas para desacreditar movimientos sociales contemporáneos y puso como ejemplo el término “vándalas”, empleado en ocasiones para referirse a mujeres que participan en movilizaciones feministas.
Del 68 a Ayotzinapa
La discusión avanzó de Tlatelolco a uno de los episodios que siguen marcando el debate nacional sobre desapariciones: el caso Ayotzinapa.
Luis Tovar, secretario general de FUDEMAH AC, vinculó ambos acontecimientos desde la perspectiva de la responsabilidad del Estado y sostuvo que la existencia de voluntad institucional para esclarecer determinados hechos no cancela la exigencia de verdad y justicia.
También destacó que jóvenes estudiantes participen en espacios donde se discuten temas como desapariciones, violencia, memoria histórica y derechos humanos.
Pero fueron los propios alumnos quienes terminaron por darle sentido al encuentro.
“Tenemos que luchar por lo que queremos y no quedarnos sentados nada más esperando. Debemos defender nuestros valores”, expresó una estudiante.
Otro alumno resumió buena parte del debate en una frase: “La educación es el cambio verdadero para el país, y no sólo para el nuestro, sino para cualquier sociedad”.
Así, el recuerdo del 2 de octubre de 1968 dejó de ser únicamente una referencia histórica dentro del Tecnológico de Tláhuac II y se convirtió en una pregunta dirigida a las nuevas generaciones: qué hacer con las libertades conquistadas y qué papel asumir frente a los problemas del presente.





